jueves, 14 de junio de 2012

Apo Island


Nunca pensé que me bañaría con un elefante, que me tumbaría al lado de un tigre o que bucearía junto a un tiburón ballena, sobre todo porque hay otros animales como los gatos o los pájaros a los que sigo teniendo una tirria espantosa. Son de las cosas que más me están gustando de estos viajes así que no podía dejar de ir al santuario de las tortugas, que está en en Apo Island, y hay tortugas gigantes, corales, peces, serpientes marinas...muy bonito, vaya.
Llegada a Apo Island
Agua muuuuy azul, lo sé
Se trata de una isla bastante acostumbrada a visitantes por lo que tiene un mérito especial haber discutido con la práctica totalidad de las atracciones turísticas del pueblo excepto las tortugas. Al llegar la tuvimos con la energúmena del hostal porque nos ponía de vuelta y media si no nos dejábamos clavar tres noches aunque sólo pasaríamos una allí. Muy digno yo, una vez descargué mi mal genio con la recepcionista y descubrí que mi fluidez en inglés mejora cuanto más tengo que bajar los humos a alguien, me eché un amigo lugareño y le dije que me llevase a ver más hostales. Ninguno tenía siquiera ventiladores y, con estas temperaturas, vale más tragarse el orgullo que un antipirético así que finalmente nos quedamos en el hostal de la majadera.
Al menos la energúmena me dio una habitación con vistas
Para no perder más tiempo, enseguida bajamos a la playa para encontrarnos con las tortugas. Yo no tenía muy claro que hubiese muchas, pero aunque toca moverse un poco, al final sí puedes encontrarte rodeado de 4 ó 5 tortugas, cada una más grande que muchas de las señoras que pueblan las peluquerías de España de un metro y algo. Da gusto nadar y bucear con ellas. Ni se asustan, ni se marchan…como mucho les da por moverse de sitio y entonces lo más que hay que hacer es seguirles, cosa fácil a no ser que se hayan estresado o les dé la prisa, porque lo de que las tortugas son lentas no vale con estas.
Lo que uno espera de un lugar llamado Santuario de las Tortugas...
y lo que en realidad encuentra, que sigue siendo impresionante!
Al día siguiente aún teníamos la mañana libre antes de volver en barco a Dumaguete para coger el vuelo a Manila. La isla está muy bien para bucear así que para aprovechar el tiempo hicimos lo que es normal aquí, alquilar una bangka (barquitas filipinas) y que el tío nos llevase a diferentes puntos de la costa o mar adentro a hacer snorkel.
Bangka a la fuga
Hasta ahí bien, lo típico es que te tiras al agua, el barco se mueve 15-20 metros y tú te quedas cotilleando por la zona y hasta que te cansas nadas y subes a la barca. ¿Problema? esta vez el barco no se fue ni 15, ni 20, ni 100 ni 200 metros. El barco directamente se fue y ahí estábamos nosotros como cuatro peleles abandonados en el mar sin llegar a creernos lo que había pasado. Descubrí entonces que soy un chico calmado en situaciones de estrés y les propuse seguir haciendo snorkel a lo largo de la costa hasta encontrar una calita y entonces ver qué hacíamos. Y muy bien oye, nadando tan a gusto, disfrutando de los corales, las tortugas, los peces...la cría de tiburón. Eso ya lo disfruté menos, es tontería negarlo. Tanto es así que ahí sí me llegó la arritmia porque por mucho que sea una cría, el animalito también tiene dientes y no ha podido surgir por generación espontánea, o sea que habrá mandíbulas más grandes no muy lejos.

Así que nadando más rápido que cualquier lancha motora estándar llegamos a una playita, que justo estaba ya cerca de nuestro hotel y pudimos ir a tener la correspondiente bronca con el barquero que, muy filipinamente, veía totalmente normal habernos dejado allí porque su gasolina estaba sucia y tenía que cambiarla. Se ve que la opción de recogernos antes de desaparecer o, simplemente avisarnos del asunto, parece absurda por estas tierras. Por supuesto, le dijimos que no pagábamos un duro y pensábamos pasar del tipo este y coger la barca a Zamboanguilla para enlazar con el bus a Dumaguete, pero como allí son pocos, bien avenidos y, seguramente familia, no nos dejaban abandonar la isla hasta resolver el asunto de la bangka. Fantástico final de excursión! Retenidos en la isla por los locales!! Basta decir que conseguimos salir de ahí y que pese a todo me llevo muy buen recuerdo de Apo Island…aunque dudo mucho que vuelva.

martes, 12 de junio de 2012

Ho Chi Minh City

Casi con la misma maleta que llegué de Camboya, el viernes siguiente nos fuimos a Vietnam. La ciudad, unos la llaman Saigon y otros Ho Chi Minh City, y es el centro económico del país aunque la capital sea Hanoi.
Vista general de cómo es la ciudad...
...excepto el Distrito 7, que no tiene nada que ver
Turísticamente no es que haya demasiado que ver, para qué nos vamos a engañar, es una ciudad bastante normalita excepto un distrito que sí es muy moderno, con sus luces, puentes, parques...aunque no resulta demasiado representativo. Nosotros empezamos con la catedral de Notre Dame que, como los más intuitivos ya habrán imaginado, es una copia de la de Paris y queda claro que estos pobres harán muchas cosas bien, empezando por los rollitos vietnamitas, pero lo de plagiar no lo tienen muy conseguido. Se ve que en eso se quedaron toda la maña los chinos. Cerca hay un edificio de correos que parece una estación, también hay una ópera…lo dicho, turísticamente no hay mucho donde rascar, aunque es una ciudad en la que se puede salir a dar una vuelta caminando, y eso ya es más de lo que se puede decir de Manila. Y otro punto a favor es la comida: los ICEX, que se portaron genial, nos llevaron tanto a un sitio muy aparente para comer como a cenar en el verdadero Vietnam, en las mesitas de callejones rodeados de motos. Porque otra cosa no habrá, pero motos casi más que personas. Parece mucho más caos del que es, porque cuando luego vas en la moto la cosa parece batante organizada controlada, e incluso cuando hay un pinchazo, que nos pasó, enseguida hay manera de solucionarlo.
Notre Dame 2
Queda claro que si pongo fotos de Correos, es que no hay mucho monumento que enseñar
Lo que sí fue muy interesante es el museo de la guerra. Allí exponen fotos bastante duras sobre la guerra de Vietnam: torturas, cuerpos desmembrados, malformaciones por el agente naranja, etc. y, aunque está más que sesgado, no deja de ser visita obligada…para los adultos, porque a día de hoy aun no entiendo en qué piensan los vietnamitas al llevara niños pequeños a ver esto.
¡Sólo falta el sombrero típico!
Ya fuera de la ciudad, en Cu Chi, es posible visitar los túneles donde se metían los vietnamitas cuando los americanos venían con ganas de marcha. La idea de enseñar esto es buena pero lo han convertido en una turistada descomunal. Cuando llegas al antiguo almacén de comida, ahora hay una cafetería. Cuando llegas a donde guardaban los uniformes, una tienda de ropa. Así todo el rato y, para hacerlo más entretenido, un guía que cree que habla inglés, pero al que no había forma humana de entender, nos iba enseñando las trampas que preparaban durante la guerra. Cualquier sitio que pisases era bueno para que en su día saliese un pincho enorme a destrozarte la cabeza, las tripas o lo que pillase primero. El mayor atractivo es cuando puedes desmarcarte de tanto tunel/tienda y elegir un arma, rifle americano o vietnamita, comprar tus balas y ponerte a disparar como un loco y pensar en llevarte el arma para los días que en la Embajada me toca tratar con muchos empresarios filipinos.
Agobio máximo ahí abajo con poco espacio, poca luz, mucho calor y mucha guiri culona taponando el tunel
AK-47
Desde mi punto de vista, eso es lo más interesante de visitar esta ciudad, enterarte un poco mejor, y más de cerca de cómo fueron las cosas durante la guerra. Eso, e ir al cajero a sacar dinero y que la máquina te pregunte cuántos millones quieres! Será por el tipo de cambio o por lo que sea, pero es fantástico ir y sentirte verídicamente millonario, aunque luego comer te cueste medio millón de Dongs, pero eso ya es otra historia.

viernes, 25 de mayo de 2012

Camboya


A estas alturas de la película ya he podido tachar unos cuantos sitios de la lista de lugares por visitar pero afortunadamente aún quedan sitios diferentes a todo lo anterior y que te pueden dejar con la boca abierta.

La semana pasada estuvimos en Camboya, que, sin esperarlo, y puede que sea precisamente por eso, se ha convertido en uno de los mejores sitios en los que he estado. Llegamos el jueves por la noche a Siem Reap, nos recogieron en unos tuc tucs comodísimos y llegamos al hotel, que nada tiene que ver con los últimos en los que estuve, en Birmania.

Después de cenar nos acostamos pronto porque el viernes pretendíamos ir a Angkor Wat a ver amanecer. Muy dispuestos, y con la legaña en lo alto, nos levantamos a la hora que el resto de días nos acostábamos muy pronto. Nos dividimos en tres tuc tucs, aparentemente iguales, y salimos hacia el templo. ¿Iguales? No. Sólo uno de los tres tenía un incompetente que vino a recogernos con la gasolina justa para recorrer tres calles. Por supuesto, entre los afortunados de conocer a este iluminado de los transportes, estaba yo. Una vez nos quedamos tirados en la carretera, el muchacho, sin prisa pero sin y con pausa, se dedicó a buscar tienda por tienda a alguien que le dejase gasolina. Hay que decir a su favor que en estos países es muy común que te vendan una botella de refresco rellenada con gasolina en el sitio menos pensado. Al terminar de preguntar sin éxito en todas las tiendas, la criatura volvió a empezar la ronda, no fuese a ser que en esos 10 minutos la gasolina hubiese aparecido por generación espontánea. Entre esto y el madrugón, ni que decir tiene el mal genio que tenía yo por el cuerpo. Fue un alivio escuchar que, aunque ya era completamente de día, el conductor espabilado afirmaba rotundamente que aún podíamos llegar a ver amanecer al templo…al final conseguimos gasolina y, con más luz que ganas, llegamos a Angkor Wat. 
Aquí que falte lo que sea menos la serpiente de siete cabezas, que está en todas partes.  
Aquí los monjes visten de amarillo y naranja.
En Camboya hemos podido ver bastantes templos, todos del mismo estilo, pero unos más impresionantes que otros. Angkor Wat es seguramente el más conocido y el mejor conservado. Les encanta su templo a los camboyanos. Lo plantan en los billetes, en la bandera…en todas partes, aunque tanto autobombo no le hace el mejor templo del país. Angkor Thom es una antigua ciudad del imperio Jemer compuesta por un conjunto de templos, como el Bayon, un templo con 50 torres y cerca de 200 caras sonrientes, a la que se sumó la mía cuando vi que las típicas hordas de turistas japoneses tenían una edad media de setecientos años y pasaban de subir hasta arriba del templo.
Éxito total al conseguir que ni un japonés o coreano se colase en la foto.
Niños tuneados en Angkor Wat
Todos estos, y otros muchos templos, son impresionantes de ver pero el que se lleva la palma es el Ta Phrom, un templo invadido por la selva donde los árboles crecen entrelazados con la construcción. Muchos otros templos del país estuvieron así antes, pero han sido restaurados por lo que este es el que conserva el encanto de estar intacto. Se tiene la sensación de estar en un templo en medio de la jungla, que poco a poco ha ido colonizando el lugar y hace pensar que se está en una película de Indiana Jones, o más aún, de Tomb Raider, que precisamente se rodó en Ta Phrom.
Angkor Thom
Una de las caras del templo Bayon
Ta Phrom
Los árboles crecen entre ls piedras y se van comiendo el templo poco a poco.
Los templos, bastante grandes la mayoría de ellos, no son lo único desproporcionado de Camboya. No. Aquí los bichos han crecido hasta el punto de que uno ya no sabe si está en Camboya o en el planeta de Avatar. Impresionante el número y el tamaño de estos helicópteros con aguijones. Yo, que nunca he sido muy fan de estos animalitos, estaba constantemente vigilando cuáles y cuántos había a mi alrededor, sobre todo desde que uno de los amigos del viaje se encontró una garrapata en el pelo y a otra le picaron seis o siete avispas que no sé que llevarían dentro pero resultaron ser venenosas y tocó hacer visita al hospital para que le atizasen cortisona y vacunas como souvenir. Pocos radares en este mundo podrían alertar de la presencia de insectos con tanta eficacia como hice yo ese día. He aquí una nueva habilidad que puede que haya desarrollado después de aquella picadura de araña en el Pinatubo. Bienvenidos, superpoderes, bienvenidos. Más vale tarde que nunca.

Aunque sean lo más importante, no todo en Camboya iban a ser templos y bichos. Estuvimos en un museo de minas antipersona. La verdad es que yo soy poco, o nada, de museos que no sean de ciencias y pensaba quedarme tranquilamente en la puerta tomándome una coca cola para evitar la deshidratación, pero al llegar vi que el museo está pensado para mantener a niños, muchos de ellos víctimas de estas bombas, y decidí entrar. Y acerté, porque fue muy interesante y te da una idea de la pila de bombas que, sobre todo los estadounidenses, han dejado repartidas por el país para que cualquier persona pueda reventar por los aires. Entre historias como esta y ver de cerca la realidad de los países del sudeste asiático, las cosas se ven muy diferentes que desde Europa. Empezando por los niños, que en estos países están obligados a crecer enseguida.
Un ejemplo de cómo vive un niño por estas tierras
Después de tanto momento culto y enriquecedor, en Siemp Reap hay tiempo y sitios para sacar la faceta más innoble de cada uno y largarse de marcha a, por fin, bares con música comercial.  Casi se me saltan las lágrimas al escucharla en lugar de la típica cacerolada música electrónica de Manila. Contra lo que yo podía pensar, es una ciudad con mucha fiesta donde por la noche todo son cocktails, copas y happy pizzas, que son típicas de aquí y tienen un ingrediente verde que no son precisamente espinacas.

Muy completito el viaje a Camboya, además cada día estuvo animado por ratos de diluvio universal para que nos fuésemos acostumbrando a lo que nos espera en Manila, y que ya se empieza a notar. Si esto va a ser como lo pintan, bendita la hora en la que saqué el título de submarinismo: PADI como método de supervivencia.

viernes, 11 de mayo de 2012

Vigan


Cuando dicen que Filipinas perteneció a España, a mi no me queda muy claro qué tipo de huella hemos dejado aquí. El idioma no, la comida no, la eficiencia está claro que tampoco…cualquier tipo de herencia española la reventaron a base de guerra o la metieron en un cajón con la llegada de Estados Unidos. Sin embargo, entre tanta playa de las que uno piensa que solo existían en anuncios, sí queda algún sitio que huele a colonialismo.
Callecita de Vigan
La semana pasada fuimos a Vigan, en Ilocos Sur, al norte de Filipinas, para empezar la reconquista del país y convertirlo en el tercer archipiélago español pasar el fin de semana. Vigan parece sacada de un decorado de televisión, con lo cual yo estaba encantado y buscando siempre cuál es mi cámara. Es una ciudad muy cuidada, pequeñita, con carros de caballos pasando por las calles y edificios que recuerdan a la época española, hasta el punto de que a veces hasta te hacen pensar que estás en La Habana, o en El Toscal, aunque ya quisieran en Tenerife tener las casas la mitad de presentables que en Vigan.
¿Parece o no parece La Habana?
La vida de guiri es dura así que para llegar allí hubo que tragarse una nochecita de autobús en la que el psicópata conductor se vino arriba y vio en la carreterita que pasaba por pueblos su propio circuito del GP de Mónaco. Un innovador el buen hombre, ¿por qué respetar las curvas y rectas cuando es mucho más auténtico hacer eses en las rectas y tomar las curvas derecho cual una bala contra la montaña? ¿Y por qué conformarse en hacerlo a velocidad normal si se puede intentar alcanzar la de la luz? Bravo amigo conductor, el mundo es de los valientes, aunque en el camino haya que cargarse a 40 pasajeros! Al llegar besamos el suelo nos echamos una siesta y empezamos a patearnos la ciudad. La gente, como siempre, encantadora y con mucho ambiente porque ese fin de semana se celebraba el festival Viva Vigan así que todo estaba muy decorado para apoyar el sarao.

Pudimos entrar a alguna casa colonial antigua, visitar un taller de artesanía, una iglesia, una torre, darnos un bañito en la playa, salir de fiesta…así que finde muy completo. La gente se quedaba boquiabierta al vernos pasar, yo creo que no habían visto tanto blanquito junto desde que Filipinas era nuestro.
¡Nada que ver con el resto de Filipinas!
Vistas chulisimas desde arriba. ¿Dónde se hacen ellos la foto? en la escalera oxidada de dentro...
Juego sencillo: ponen una hilera de cholas y tienen que darles lanzando otra chola. Y se lo estaban pasando de escándalo.
El domingo fue el desfile de Viva Vigan, una serie de comparsas de todas las edades tocando música y con coreografías muy ensayadas y, muchas veces, bastante complicadas. No es que sea ni de lejos la más espectacular, pero, para mí, entre las mejores actuaciones estuvo la del grupo de los más pequeños:
     El amable policia no tuvo a bien apagar su sirena así que este video es mejor con el volumen bajito...
Niños esperando el desfile. No se ve bien, pero la de azul va de princesa Disney muy peripuesta, la criatura.
Viva Vigan Binatbatan Festival
Aún no tengo claro si para la gente de Vigan era más atracción el desfile o nosotros porque, además de pedir las típicas fotos, se acercaron a entrevistarnos de varias televisiones. En las televisiones locales no me apeteció pero sí salí en la ABS-CBN, que para eso es nacional y emite Pinoy Big Broter.

jueves, 3 de mayo de 2012

El Nido


El tercer encuentro filichino en Shanghái dejó el listón muy alto así que para el cuarto, que se jugaba en Filipinas, tocó sacar la artillería pesada. Junto a Boracay, el plato fuerte del país es El Nido, en la isla de Palawan. Además de ser un sitio impresionante, tiene el aliciente de que no está tan explotado como debería porque está a tomar por culo Filipinas no tiene la fama de otros países como Tailandia, y mucho mejor porque así las aglomeraciones de turistas se las quedan ellos.
Esto en China no lo tienen...
Para llegar a El Nido hay que volar desde Manila a Puerto Princesa y desde allí tragarse la friolera de 5 horas de furgoneta. Hasta aquí parece medianamente aceptable pero la cosa cambia cuando compruebas que cualquier camino de cabras es una autovía al lado de esto y que los filipinos, en afán de hacer todo más entretenido, han decidido que los números de las señales de tráfico no sean límites de velocidad sino puntos para el primero que las pase todas. Así, nuestro conductor, luchador y competitivo donde los haya, decidió hacerse con el mayor número de puntos en el menor tiempo posible y cerca estuvo de estamparnos conseguirlo, aunque para ello tuviese que reventar algún quitamiedos de la carretera. Al terminar el rally viaje nos juntamos con los ICEX de Shanghái, Yakarta y Kuala Lumpur y, como ya era de noche, lo único que pudimos hacer es ir a cenar, esperar las dos horas que tardaron en traer la cena, y salir de fiesta por la playa.
De noche ya era bonito, pero nada que ver con el día
Al día siguiente, con sueño y ganas a partes iguales, nos montamos en la bangka de turno para empezar a recorrer la zona. Aquí todo son formaciones de roca negra afilada y llena de vegetación y aguas de muchísimos tonos de azules pero siempre transparentes y llenas de peces. Hay lagunas, playas, bahías…y la mayoría encerradas por las rocas o escondidas detrás de cuevas. Por mucho que se cuente, es imposible hacerse una idea a no ser que se vea en directo y, a poder ser, desde el agua.
Si desde la superficie el paisaje es increíble, bajo ella es igual o mejor. Peces de mil especies, estrellas de mar, corales, arrecifes que se pierden en la profundidad del mar… y medusas, claro. Más de una vez fue saltar al agua y notar cómo todas se acercan en masa a recibirte, aunque al ser pequeñas, no hubo desperfectos y pudimos nadar y bucear todo lo que nos dio la gana.
 Y a un minuto nadando de la orilla, un arrecife que no se sabe ni dónde acaba
Al día siguiente repetimos y cogimos otra bangka para seguir recorriendo las islas. Aunque todo es muy parecido, no cansa ni lo más mínimo y sigue dejando con la boca abierta. Tal vez a mí menos que al resto por haber estado ya en Coron, que es parecido aunque a menor escala, aunque todo Palawan sigue siendo de anuncio. Este día, además, pude descubrirme al mundo como nadador manco, porque los espabilados de la bangka me dieron un tubo que se doblaba hasta meterse en el agua y dejarme sin respiración, por lo que si quería coger aire no había más remedio que sujetarlo fuera del agua con una mano y valerme de la otra para nadar. Gracias bangkeros por potenciar mis habilidades y darme una oportunidad en los próximos juegos paralímpicos, Londres 2012: ¡allá voy!
Es que da igual lo que ponga aquí, no sé describir esta foto, para qué nos vamos a engañar
Aunque no está sobreexplotado, los puntos de visita son los mismos para todo el mundo y es difícil encontrar uno sin gente, aunque tuvimos la suerte de que en estas fechas se graba Supervivientes Suecia en estas playas y han copado los alojamientos de la isla, así que hay menos turistas de lo normal, y más cabezas rubias que de costumbre. La mayoría de las playas donde se graba el concurso están cerradas pero pudimos ver cómo preparaban una bahía para un especial del reality y, ni que decir tiene que yo estaba deseando que llegasen los cámaras y dar paso a la prueba de líder. Como no pudo ser, me quedé nadando por las playas hasta que unos filipinos nos vieron y, emocionados por su descubrimiento, nos preguntaron si éramos los participantes de Supervivientes. No les culpo, siempre he tenido malentendidos con gente que se resiste a creer que no soy nórdico.
Las rocas, como cuchillos. Supervivientes Suecia no se anda con bobadas.
El martes se acabó lo que se daba y, para que nos diese menos pena irnos, diluvió lo más grande así que recogimos los bártulos y empezamos la vuelta maratoniana a Manila, preparados para empezar la semana en miércoles y rehacer la mochila para el viernes, que la carretera espera de nuevo.

miércoles, 25 de abril de 2012

上海


El viaje por Birmania fue bonito pero yo he nacido destinado para comodidades y lujos siempre fui más de ciudad que de campo, así que el siguiente destino tenía que ser algo muy diferente. Como la mayoría de los viernes, al salir del trabajo miré a qué hora entraría el lunes mi jefe para no madrugar en exceso fui a casa para preparar la mochila y marchar hacia el aeropuerto, cuyos arcos de seguridad cruzo con más frecuencia que la puerta de mi casa.

Los chavales del NAIA, el aeropuerto de Manila, llevan grabado a fuego que las prisas no son buenas, así que dos horas más tarde de lo previsto, despegamos hacia Shanghai. En diciembre, pese al frio mortal, Pekín había dejado muy alto el listón de China continental, pero después de haber visto las dos, no son ciudades que se puedan comparar. El minipunto del turismo se lo lleva Pekín, pero para vivir me quedaría con Shanghai. En cualquier caso, los ICEX de China nos trataron genial, en su línea.

Al llegar tan tarde, poco pudimos aprovechar del viernes así que después de tomar algo por ahí, nos fuimos a la cama según salía el sol. Ya el sábado, con el modo guiri activado, empezamos con el templo de Jing’an. Es un templo bonito y muy bien conservado, hasta el punto de que parece recién hecho, pero después de haber visto tantos en tantas ciudades, tendrían que hablar los dragones para mantener la emoción va siendo menor. Seguimos dando una vuelta por la zona hasta llegar a Renmin Square.
静安寺
Al que atine lanzando la monedita, Buda le da suerte
Se trata de un parque, pero nada que ver con un aburrido parque occidental donde la gente solo puede tomar un helado, pasear o tomar el sol. Atrás quedaron esas sosas actividades para los chinos, que van más allá y se acercan al parque a encontrar pareja para sus hijos e hijas. Como si de un outlet de personas se tratase, los padres de Shanghai cubren el parque con anuncios donde promocionan a sus hijos con datos clave como la edad, altura, sueldo, e incluso algunos padres ignorantes de los cardos que tienen por hijos se atreven a poner una foto de la criatura. Después detallan cómo debe ser la pareja para pasar el casting y que empiece la puja! Por mucho que diga aquí, hay que verlo para hacerse una idea de cómo un chino común sale de rebajas y se compra un jersey, unos dumplings para merendar y un novio para su niña, da igual que ella tenga 21 años, porque para ellos ya se le está pasando el arroz a la muchacha.
Padres motivados a la caza de yerno/nuera
Tú llegas, plantas tu cartelito, y a esperar a que piquen
Seguimos por 南京路 (Nánjīng Lù) hasta llegar al Bund, donde mirando a un lado encuentras una zona de edificios coloniales y girando un poco la cabeza te encuentras con un paisaje futurista con la Oriental Pearl Tower y el Shanghai World Financial Center asomando entre otros rascacielos. Eso es lo más bonito de la ciudad, que combina las dos cosas de la manera más natural. Subimos a la Perla, vimos las vistas impresionantes desde allí, incluido desde la terraza con suelo de cristal, y, cuando había más chinos por baldosa que metros de altura anocheció y vimos la zona de Pudong iluminada, fuimos a un parque a tomar algo y descansar un poco, que estábamos para el arrastre.
Vas caminando por la calle y te encuentras un escaparate de tiburones y tortugas. Lo típico.
Llegas a la Perla de día
Ves la ciudad desde un cristal dudosamente fiable arriba
Y te vas de noche
El domingo empezamos por la zona de los jardines de Yuyuan y muy chino todo, el jardín, los edificios, los carteles…y después de comer pasamos la tarde por la Concesión francesa, 新天地 (Xīn Tiān Dì) y 田子坊 (Tiánzǐfāng). Aquí sabes que estás en China por los ojos de la gente y los caracteres de los letreros, pero por lo demás, podrías estar en Europa perfectamente. Es el punto fuerte de Shanghai, una mezcla de estilos de ciudad que no tienen nada que ver pero que quedan fenomenal. Le falta, eso sí, una buena playa, y por eso el siguiente encuentro filichino, que ya será el cuarto, toca en Filipinas.

Entrada a los Jardines de Yuyuan...
...que son el típico paisaje de restaurante chino pero sin ser cutre garzas
Callejuelas por 田子坊
Esto es el Bund...
...miras a un lado y estas en Star Wars...
...miras al otro, y parece que va a salir Napoleón.
Eso sí, las macarradas turísticas que no falten en ninguno de los dos lados.