lunes, 17 de septiembre de 2012

Yakarta



Durante todo el año he oído decir que el país más parecido a Filipinas era Indonesia: un país espectacular con una capital que es un agujero negro. El consuelo La duda era si Yakarta sería peor que Manila o si definitivamente tengo el dudoso honor de vivir en la ciudad más fea del mundo.

En el camino a casa de los ICEX Yakarta, pudimos ver que conducen casi tan mal como los filipinos, aunque Yakarta no llega a ser tan caótica como es Manila y tienen algo más claro que las líneas del suelo y los semáforos no son elementos decorativos para ambientar las calles.
La zona equivalente a la que vivimos nosotros en Manila es bastante más agradable y, aunque está plagada de centros comerciales, al menos ofrecen más distracciones que los de Manila y los condominios tienen instalaciones que ya quisiéramos nosotros, como el jacuzzi.

Manila0- 1Yakarta

De lo mejor, esa oda a la vaguería en la cocina por la que yo habría matado en Manila. Tú vas al supermercado, compras lo que te apetezca comer y ahí hay un chiringuito de indonesios que te lo cocinan gratis y a tu gusto para que comas allí mismo.  
¡Restaurante gratis en medio del supermercado! La evolución del Food Court asiático
 Manila0- 2Yakarta

En cuanto empezamos el turismo, en el antiguo muelle de Sunda Kelapa y las calles de Kota, pudimos ver que saliendo de la burbuja de expatriados, Manila y Yakarta son igual de rematadamente feas y sucias. La cosa empezó a ser más aparente cuando llegamosa Taman Fatahillah para tomar algo en el Café Batavia y a la salida vimos que la plaza estaba cuidada, limpia, estaban preparando un festival e incluso unas niñas se nos acercaron para practicar inglés con nosotros. Ahí es donde Manila coge ventaja, con el inglés. Por muy sui géneris que sea el inglés de Manila, que de verdad lo es, no deja de ser inglés, y eso facilita muchísimo la comunicación, sobre todo cuando no hay forma humana de entender lo que pasa por la cabeza de esta gente las culturas son tan diferentes.

Taman Fatahillah

Sucio que te mueres. Ahora, la bici para el turista, conjuntada a más no poder.

Manila1- 2Yakarta

Seguimos caminando hacia Glodok, el barrio chino, y, otra cosa en común de las dos ciudades es que rara es la calle que tiene acera y más rara aún la acera que no tiene huecos perfectamente diseñados para abrirte la cabeza. Una vez en Glodok encontramos lo que hay que encontrar en un sitio así: imitaciones hasta debajo de las piedras. Pero lejos de ser un secreto a voces, aquí directamente ni disimulan, que eso es tontería. En Manila te llaman discretamente y te traen una cajita donde rebuscas, bien apartadito, los DVD que te interesan. En Yakarta no! Si vamos a pasarnos la propiedad intelectual por el arco del triunfo, hagámoslo a lo grande! Con un centro comercial exclusivamente dedicado a ello, filas y filas de estanterías y los DVD clasificados por géneros de cine y consolas! Es más, por qué limitarse a vender el juego cuando pueden vender consolas falsas también! Y, para empatizar con el consumidor dándole la garantía de que compra a un equipo involucrado con el cliente, las cadenas de montaje están a la vista de todos para poder hacer un tour por el backstage del show pirata. Aquí, indiscutiblemente, minipunto para Yakarta y autodeclaración instantánea de fan de su descaro para las imitaciones.

Uno mete el cd en la caja, otro pone la foto de cubierta, otro lo sella...
y a la estanteria de su sección! Ni en Inditex tienen una logística tan depurada!
Mientras, el otro ensamblando consolas.

Manila1- 3Yakarta

Hay mercados de artesanía, el típico pirulí de monumento nacional y varias cosas más, así que de una a la otra, taxi para arriba y taxi para abajo. Existen cosas difíciles en la vida, cosas muy difíciles y luego ya está que un taxi te pare en Yakarta. Desesperación absoluta cada vez que había que coger uno aunque, la verdad sea dicha, cuando lo consigues, son bastante más honrados que en Manila y no hay que enzarzarse en peleas para que pongan el taxímetro.  En cualquier caso, los taxis acaban dando pereza igualmente así que hay empate.

Manila2- 4Yakarta

Por la noche salimos de fiesta y el tipo de sitios, gente y música es muy parecido a Manila. Tiene también las clásicas terrazas de azotea chulísimas donde se junta la gente más pija y se tienen vistas impresionantes de la ciudad, aunque falta el invitado estrella de las noches: Tanduay. Así que sin que ninguna de las dos ciudades me encante de fiesta, me quedo con Manila.

Manila3- 4Yakarta

Aunque, por otra parte, Yakarta cuenta para las noches de fiesta con un comodín hasta entonces desconocido para mi: el botellón en el 7 Eleven! Ahí están tus mesitas, tu máquina de hielos, tus vasos de plástico...sin palabras, sin palabras.
¡Qué más se puede pedir!

Manila3- 5Yakarta


Entre que hay poco que ver en la ciudad y que, francamente, el ritmo de un viaje semanal nos tiene que damos asco, pasamos el domingo en el jacuzzi para reponer fuerzas y volver a Manila medianamente decentes. En el tema aeropuerto sí está claro que gana Manila, no solo por las instalaciones sino porque allí no tienen Cebu Pacific, la compañía de baja confianza bajo coste que ha patrocinado casi todos los viajes del año.
 
Manila4- 5Yakarta

Al final resulta que Yakarta es la prima musulmana de Manila. Son parecidísimas y lo bueno que tienen es poder largarte de viaje al resto del país y los de al lado, o no tan al lado. Sí es verdad que Yakarta está ligeramente mejor que Manila, pero se ve sólo en la foto finish. Yo, aunque solo sea por Cebu Pacific, me quedo con Manila!
Lo sé, inspira cero confianza pero a este ritmo terminarán patrocinando mis viajes.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Sídney



Son once meses ya de ojos rasgados, de arroz, de soja, de budas, de templos, y de historias asiáticas de estas así que, francamente, ya va bien un descansito de todo esto. La idea parece buena pero ojo porque la cosa no es tan fácil como parece. Para empezar Asia es gigantesca y cualquier otro continente pilla lejísimos del sudeste asiático, y cuando digo lejos es tanto kilómetros como en euros porque hay que ver la tiritona que le entra a la tarjeta al ver los precios de estos vuelos.
¡Lo que cuesta llegar a esta ciudad! en todos los sentidos además
El transporte de la ciudad muy bueno no es, pero tienen taxis acuáticos así que se perdona

De vez en cuando sacan lo que llaman ofertas de aproximadamente mil euros para ir Australia. Y está bien que le avisen a uno, está bien sentirse querido, pero estaría mucho mejor quitarle un cerito al asunto. Así que para poder conseguirlo, y poder seguir comiendo a diario, es necesario volar casi 4 horas hasta Kuala Lumpur, esperar 7 horitas de escala y montarse en otro vuelo de 8 horas para, por fin, llegar a Sídney. Eso sí, aunque te toque un vuelo lleno de niños malcriados, y esto no es una situación hipotética sino un drama vivido en primera persona, el palizón merece la pena. Normalmente cuando llego a un lugar siempre pienso si viviría allí o no, y en el caso de Sídney eso se da por hecho y la pregunta fue más bien cómo hago yo para mudarme allí a la de ya. La cosa que es complicada de montar incluso con matrimonio de por medio porque allí conseguir un pasaporte europeo no les atrae nada así que poco, así que no se les puede atraer con eso. ¡En Filipinas venderían a su madre por conseguirlo! Claro que de otra manera es más difícil aún porque es un país complicado en cuanto a visados y, encima, más aún para los españoles, que no tienen derecho a working holiday visa.
La Opera House, más cerquita
Como hablan inglés del de verdad, fue facilísimo enterarme de cómo ir al centro de la ciudad y, en el camino en tren, ya pude comprobar que el individuo australiano puede caer en dos marmitas al nacer: la de los esteroides y la de las grasas trans. La mayoría, sin embargo, cae en la primera y cualquier bíceps australiano tiene un diámetro similar al del cuello español. La australiana estándar también es de extremos opuestos y, o bien están hechas enteramente de fibra con culos firmes cual titanio o son, en sí mismas, un michelín. Eso sí, en su favor tengo que decir que las últimas son la minoría y que se trata, de cualquier modo, de michelines rubios de ojos azules, que siempre adorna más y los diferencia de las ballenas que hay en aguas australianas. Por si tuviesen pocos minipuntos, son amabilísimos. Pero no una amabilidad borrega como me he encontrado en otros países sino amabilidad de verdad, como en Corea o Birmania. En definitiva, yo diría que si mezclas gente educada de Reino Unido, gente atenta de Japón, gente guapa de Dinamarca y pones el resultado en una ciudad bonita como Nueva York, el resultado son los australianos en Sídney.
A la pregunta sobre si se encuentran por la calle especímenes así, la respuesta es sí. Hay cientos de Naomi Watts y Chris Hemsworth por las calles de Sídney ante incrédulos extranjeros.
La ciudad tiene de todo lo que no tiene Manila, desde zonas verdes llenas de pájaros como Royal Botanic Gardens hasta playas como Bondi, Cogee o Bronte, pudiendo pasear por los los caminos que las unen por la costa. Las playas, sin ser como las de Boracay o El Nido, porque eso es prácticamente imposible, son estupendas para estar en plena ciudad, aunque cuando piensas la cantidad de animales potencialmente letales que pululan por ahí, la cosa empieza a ser un poco menos estupenda.  
Sin duda lo mejor de la ciudad es eso, la pedazo línea de costa que tiene, las playas o las bahías, como Watsons Bay, donde poder ir en modo dominguero a tirarse en el parque a comer al lado de la playa.
Botanical Gardens
Maravilloso, en cualquier parque hay todo lo necesario para montar barbacoa en cuanto asoma el sol
Da igual desde dónde se haga la foto, que Sídney es bonita

Yo podría haber estado todo el día de playa en playa, pero entre que allí agosto es invierno y que uno no deja de escuchar la música de tiburón cuando mira fijamente el agua, optamos por otras actividades en las que no hiciese falta bañador. Siguiendo mi año de encuentros animales, cogimos un barco de avistamiento de ballenas. Ahí llegas tú esperando que salten a lo grande y, encima, justo al lado del barco, pero después espabilas y te contentas cuando salen un poquito o se les encuentra por la aleta o el chorro que sueltan al respirar. No fue fácil verlas porque ese día no estaban muy saltarinas y, cuando se animaban, el simpático que manejaba el barco tenía la divertida idea de hacerlo girar sobre sí mismo, de manera que o bien cruzabas al otro lado de la cubierta a la velocidad del rayo, pasando por encima de otros tantos turistas, o bien asumías lo inevitable y te ponías a buscar una nueva ballena porque vete tú a saber donde andará la que viste cuando el barco se esté quietecito de una vez. Pese a las trabas del capitán del humor, pudimos ver algunas ballenas y también delfines, estos además muy de cerca y saltando tras el barco.
Izquierda: expectativas del avistamiento. Derecha: avistamiento real.
Además de por su costa, la ciudad es muy bonita y merece mucho la pena pateársela. Por muchas veces que se pase por delante de la Opera House y el Harbour Bridge, uno no se cansa de verlos, y cerca de ahí está The Rocks, una zona de pequeñas calles y casas con restaurantes, tiendecitas y demás. Caminando se puede llegar a Queen Victoria Building, Oxford Street, Hyde Park…y se ve que no debieron tener mucho tiempo a la hora de poner nombres, agarraron un plano de Londres y se quedaron a gusto copiándolo todo. Normal que las criaturas no tengan tiempo de nombrar nada porque se pasan la mitad de su vida corriendo y haciendo deporte. ¡Es un no parar! ¡Agotador hasta para el que lo ve! Claro que así están, no me extraña.
The Rocks

¡Y venga a correr todo el día como si les persiguiese alguien!
Volviendo a la ciudad, darse una vuelta por Darling Harbour o coger un ferry desde Circular Quay hasta Manly también merecen la pena. Una vez más, lo mejor de Manly son las playas que, en días de más viento y mejor temperatura, se llena de surfistas inconscientes de lo que hay bajo el agua, y la playa se convierte en una competición. Hasta tal punto la playa es de los surfistas que los bañistas estándar, de los que chapotean en lugar de hacer piruetas, tienen una zona, no muy grande, delimitada para no estorbar a los acróbatas de la tabla. Menos mal que tienen el Corso para irse de tiendecitas si no caben en su trocito de agua.
"Beach closed: Dangerous Conditions"

Ala, a ver lo rápido que nadas hasta la orilla.
¡Si es que encima van avisadísimos!

En Corso se puede encontrar todo tipo de artículos inspirados en artesanía aborigen

Pero una ciudad no se vive solo de guiri, así que María, ICEX Sídney que me acogió bajo su techo, preparó más saraos como inauguraciones de casas o barbacosa. No tengo palabras para describir cómo me puse en la barbacoa después de tanto tiempo de comida asiática. Incluso probé la carne de canguro, aunque no podía parar de pensar que me estaba comiendo un animalito con el que un rato antes había estado jugando. Y tengo que decir que, puestos a elegir, es más entretenido darles de comer que comértelos tu a ellos. Los canguros son una monada, y sus réplicas en miniatura, los ualabíes, más de lo mismo. Aunque el que dan ganas de coger cual peluche es el koala, que pasa de la gente como de la mierda más absoluta, pero que se deja acariciar lo que haga falta. Otro animal que pude ver, y que no sabía que existía es el wombat, cuya defensa contra un atacante es aplastarles con el hueso trasero contra el techo de sus túneles. No es que sea un combate muy glamuroso, pero al menos han sabido sacarle partido al culo gordo. Los australianos de la marmita de la grasa, aún están por conseguirlo.
¡Ni se inmuta el tío!
Este en cambio hace mucho más caso
Mira qué coquetos con la cámara los wombats
Si normalmente la vuelta a Manila es mejor experiencia de que las comparaciones son odiosas, cuando se vuelve de un sitio como Sídney es otro nivel de pereza por volver. y si a eso se le suma el palizón de la vuelta...de milagro no me anclé a la Opera House para evitar volver.
Este baño me atacó con luces y sirenas hasta el punto que pensé que igual me encerraba dentro. Durante el viaje de vuelta ya no lo veía como algo tan malo...

sábado, 25 de agosto de 2012

Macao

Cuando ya has dado una paliza monumental a la tarjeta de crédito vueltecita por Japón y Singapur, lo mejor es terminar de rematar la cuenta corriente con el último de los países que se diferencian del resto del sudeste asiático.

Macao se divide en 3 zonas: Macao Peninsula, Taipa y Coloane, y allá done hay zona de casinos es como entrar en un plató de televisión, lleno de pantallas, focos o grandes estructuras. En cuanto te sales de la zona de casinos, lo cierto es que la ciudad da pena verla, aunque tengo que estar agradecido porque, después de once meses pensando que la ciudad de Manila era la más fea que yo había visto en mi vida, superando incluso a La Valeta y Castellón, ha sido brutalmente destronada por Macao. Gracias Macao! Si lo llego a saber, me paso antes por allí!
Macao: ese lugar donde todo está escrito en portugués pero nadie sabe hablarlo.
Sí que es verdad que tiene restos coloniales portugueses que están bien, como la Plaza Largo do Senado, que sí es muy bonita, o las ruinas de la Catedral de San Pablo, que son muy, muy, muy ruinas, porque queda la fachada y poco más, quitando cuatro espontáneos gritando Jesús te quiere en chino, cosa que me hizo ilusión porque les entendí. De Portugal les queda eso y los pastelitos de Belem, porque por lo demás son chinos hasta la médula los condenados. Allá donde mires tendrás todo escrito o repetido en portugués. Ahora bien, a ver quién encuentra a alguien que lo hable. Que por no hablar, no hablan ni inglés, pero es que ni siquiera en los casinos!! Que se supone que son algo bastante turístico, ya que Macao superó hace años a Las Vegas en este asunto, pero nosotros tardamos más de media hora en entender dónde había que jugar. Ojo, no cómo, sino dónde!! En los casinos hay una parte para jugar con patacas, la moneda de Macao, y otra para jugar con dólares de Hong Kong. Cada una de ellas con sus fichas no intercambiables, claro. Aunque el cambio que suelan hacer de una moneda a otra sea 1:1, y por tanto las fichas valen exactamente lo mismo, cada una se juega en su mesita, y no te salgas del tiesto porque aparecen los maromos de seguridad y te lo explican todo bien clarito. Por si fuera poco, las mesas también se dividen por juegos, esto es lógico, y por cantidades mínimas de apuesta. En resumen, que al final tardé como 45 minutos en saber cómo y dónde apostar, para perderlo todo en 45 segundos. Confirmo desde aquí que lo de afortunado en el juego, desafortunado en amores y viceversa es un mito, porque esto estaba lleno de gente con pasta y yo me volví a Manila, una vez más, sin lograr el braguetazo. Parece que se resiste la cosa.
Plaza Lardo do Senado. Muy bonita, pero no dejarse engañar, aquí hay pocao más que rascar.
St. Paul's Church. Es lo que se ve y punto porque detrás no hay nada. Es como un decorado, pero con guiris.
Todo muy austero: las lámparas, el techo, las columnas, los coches...
y hasta arriba, no cabe un alma alrededor de cada mesa o máquina.

¿¡Quién quiere baldosas cuando puede forrar el suelo de lingotes!? Será por oro!!
Dimos una vuelta por la parte antigua de Macao, hasta llegar al templo chino A-Ma, vimos que aquí tienen que poner la flor de loto en toda superficie plana o escultura posible. Depués, de vuelta a la zona de casinos de Taipa, que, para qué nos vamos a engañar, es lo verdaderamente típico de Macao y pasear por la zona antigua no aporta más, sobre todo porque la gente de aquí es francamente desagradable. También es verdad que la zona de casinos no es mucho más acogedora porque los jugadores estánaislados de su entorno, concentrándose únicamente en su juego, al igual que los japoneses hacían con los cideojuegos en Tokyo.
Casinos de Macau Peninsula y el Venetian y el Galazy en Taipa.
En esta zona hay grandes casinos como el Venetian, el Galaxy o los del complejo City of Dreams. Cada uno muy diferente, pero todos muy grandes, lujosos y llenos de luces, hasta el punto de que queda un poco macarra y recargado, sobre todo los interiores tan recargados, tan brillantes y con tanto plástico. Aún así, el conjunto es digno de ver y por la noche gana muchísimos puntos. En el City of Dreams hacen además el espectáculo The House of Dancing Water, que es tipo Circo del Sol pero con la diferencia de que el escenario es una piscina, bastante profunda, con la capacidad de cinco olímpicas. El que sea en agua hace todas las acrobacias mucho más impresionantes, pero además el escenario circular se solidifica en algunas partes del espectáculo para que todo sea más variado y dinámico. Eso, el cambio constante de forma del escenario, la música perfectamente adaptada y las luces sincronizadas en cada momento con la banda sonora hacen que la visita a Macao valga la pena incluso si sólo es pare ver el espectáculo acuático. La entrada no es barata, pero después de verlo, todo el mundo coincide en que se hace barata.
El escenario es tan rponto líquido como sólido, o plano como desnivelado.
En un momento hay un abordaje a un barco...
...,al siguiente la escena es en un templo en tierra firme...
...y termina en el agua otra vez.
 
Merece la pena también ver el resto del City of Dreams, con los pasillos de moqueta llenos de espejos, tiendas, esculturas, la discoteca Cubic, coches de exposición, y el Vquarium, unas pantallas gigantes de 19x6’7 metros y 11 toneladas que simulan un fondo marino en el que aparecen y desaparecen sirenas nadando desde lo profundo del océano. Una fina cascada de agua cae por la superficie de cada pantalla acrílica para darle, si cabe, un toque más realista.
El efecto de la cascada de agua no se nota bien en la foto, pero sí se ve el tamaño de la pantallita.
Cuando terminó nos acercamos a Nam Van Lake Cybernetic Fountain para seguir con los espectáculos de agua y luces y…en fin, seguramente si yo me pongo a hacer juegos de luces con el móvil desde detrás del grifo de mi lavabo consiga el mismo efecto. Fue más decepcionante incluso que la Symphony of Lights de Hong Kong, y ese listón quedo alto.

El último día decidimos variar un poco de actividades y nos acercamos al Macau Giant Panda Pavilion en Coloane. De hecho, no sólo nos acercamos sino que prácticamente lo bordeamos hasta encontrarlo. Entre la falta de indicaciones y lo poco que colabora la gente de Macao, tuvimos que intuir hacia dónde habría que ir para llegar. Y, naturalmente, intuimos mal. Tan mal que terminamos trepando a una montaña hasta que nos encontramos con que el edificio que tenía no era el centro de pandas sino el de enfermedades infecciosas. ¡Bravo! Ahora, deshidratado y desorientado, date la vuelta, baja la montaña y encuentra  a los pandas! Para más inri, estaban al lado de donde empezamos a subir la montaña, y esto fue casi tan ridículo como la primera noche, cuando, queriendo ir al Venetian en Taipa, cogimos por error un bus a Macau Peninsula sin saber que era el último, y nos la clavaron, pero bien, para volver en taxi. De nuevo, la no amabilidad de los habitantes de Macao no facilitó nada las cosas. A partir de entonces tomamos una política de intercambio de amabilidad por dinero, así que terminamos colándonos por la cara en casi todos los transportes que pudimos.

El caso es que conseguimos llegar a ver los pandas. Pandas, en plural, por la mínima, porque son dos pandas y punto. Aún así está bien porque no es un zoológico sino un centro donde intentan evitar la extinción de la especie, y los pandas están como reyes.
Esta vez desde la barrera. No había forma de meterse ahí con el panda.
Y como reyes fuimos recibidos en Manila, otra vez, por un tifón que, con tal lluvia torrencial y viento desproporcionado, se terminó cepillando media ciudad con inundaciones, cortes de luz, de comunicaciones y demás comodidades incluidas. Mi casa es un piso 26 y tuve que achicar agua así que con eso queda dicho todo, pero, como ellos dicen, It's more fun in the Philippines y, lo cierto es que lo cumplen porque incluso los destrozos de un tifón tienen parte positiva para ellos:

domingo, 19 de agosto de 2012

日本

Organizar este viaje ha sido de todo menos fácil y barato, pero la ruta asiática tenía que hacer parada en Japón. Aunque hay muchos sitios interesantes, el poco tiempo y lo caro que es el país obligó a ajustar el itinerario a dos ciudades: 東京(Tokyo) y 京都 (Kyoto), que son completamente no tenen nada que ver la una con la otra, así que puedes ver las dos caras de Japón.
En Tokyo todo parece un videojuego, casi hasta uno mismo.
Llegamos un miércoles a Tokyo y, una vez libres de bártulos, nos plantamos en Akihabara, ese barrio que he visto toda la vida en la Hobby Consolas y que pensé que nunca vería en directo. Pues sí, y además el propio barrio es prácticamente un videojuego en sí mismo. Da la sensación de que, entre tantas muchachas caracterizadas como personajes, aparecerán en cualquier momento Goku y el Caballero del Fénix a leñazo limpio. Las tiendas de la zona tienen mil y una pijadas que harían feliz a más de un frikazo, como yo. Hay figuras, todo tipo de artículos que ni se le cruzarían por la cabeza a un occidental, disfrazes de cosplay, y hasta sus propias secciones de manga pornográfico, que tenían bastante más éxito que la zona de llaveros, para qué nos vamos a engañar. Allí estaban todos los japonesitos, muy trajeados ellos, que deben de ir allí después del trabajo a evadirse un poco. Por lo que pudimos ver, en ese relajamiento vespertino también se va a salones recreativos donde, cada uno en su maquinita y luciendo un autismo de campeonato, se dedican a aporrear los mandos del juego de lucha, tocar la guitarra en el de música o bailar como locos en el de coreografía. Y por supuesto el karaoke. En Japón tienen incluso cabinas en las que entras, pagas por la canción, la cantas, y ala, a seguir con lo tuyo. Volviendo a casa después de cenar con los ICEX en una izakaya en Shibuya, que es zona de tiendas, restaurantes y edificios luminosos, comprobamos que los mangas y los videojuegos suelen culminar en una borrachera de espanto, porque no son ni uno ni dos los ejecutivos que se montan en el metro y se quedan medio inconscientes en los asientos o el suelo del vagón. Eso sí, debe ser la mar de normal, porque ahí no se inmuta niuno. Que se le ocurra hacer eso en España y verá cómo, después de amanecer sin cartera ni móvil, siendo fotografiado por todo hijo de vecino, no quiere repetir esos momentos de fama al día siguiente.
Una de tantas en Akihabara. Lo raro es ver a alguien en camiseta y vaqueros.
Momentazo al llegar aquí yo, que he pasado con Sonic más tiempo que con muchos familiares.
Típica tienda de Frikiplanet Akihabara

Entras, cantas y te vas.
Aquí los disfraces no son tontería.

Cruce de Shibuya
Cocinándome la cena en la izakaya, soplete en mano!

Al día siguiente empezamos por la zona de Harajuku, donde la gente viste de la forma más estrafalaria y llamativa que puede y a nadie le sorprende, que es lo bueno. Comenzamos en el Yoyogi Park, que es muy grande y nos perdimos, y además donde hay un templo con sus correspondientes rituales, oraciones y pedidos de deseos. Cuando tuvimos suficiente, tomamos la calle Takeshita donde aparecieron todos esos personajazos que llamaban más la atención que las tiendas en sí. Y no eran tampoco tiendas con cosas normalitas, eran comercios donde se encuentra cualquier producto imaginable y, seguramente, con la cara de Doraemon o Pikachu estampada. Aquí el muñequito que no falte, de hecho es complicado ver a alguien sin un peluche colgando del pinturon, bolso o cualquier sitio que aceote ser tuneado. En esta calle es un no parar de mirar a todas partes porque rara es la persona, o tienda, que no te sorprende. Aunque es lo que buscan, claro, así que no hay por qué disimular. Muy cerca está la calle Omotesando, que cambia la estética manga por toda una retahíla de tiendas de marca, aunque en algunos casos uno no sabe bien en cuál de las dos calles venden más disfraces.
Ritual antés de entrar al templo de Yoyogi Park
Algunas de las perlas que se encuentran por Harajuku
Muy normal aquí, peluquerías para arreglarte la peluca o comprar kits para hacerse piercing a uno mismo.

En el resto de zonas de Tokyo la fiebre por la moda extrema se calma bastante, es como si cada uno estuviese limitado a su propio distrito. La gente es totalmente distinta en Shibuya, que tiene el cruce más transitado del mundo con paso de peatones diagonal incluido, en la zona de Kyoto Station, donde fuimos para ver el Palacio Imperial, o la zona de Shinjuku, donde una amiga japonesa nos llevó a otra izakaya fantástica. La comida es algo que me ha sorprendido para bien, porque siendo, como yo, muy poco fan del pescado, la imagen de tanto pez crudo en el plato no me llamaba la atención. Sin embargo, tengo que reconocer que me puse morado y en todos los sitios que estuvimos. Estuvo todo riquísimo.
Shinjuku, donde además de tiendas hay actuaciones como el siguiente exitazo:

Para el último día de Tokyo dejamos Asakusa, con templo y todo, la zona de Ueno, Ginza, con sus tiendas pijas, y Roppongi, donde subimos al complejo Roppongi Hils para ver lo inmensamente grande que es la ciudad e indignarnos con que todos los colegios tenían piscina. Allí también vimos una exposición sobre el mundo musulmás, que a día de hoy no entiendo qué pintaba en Tokyo, y que, como yo no soy mucho de entender lo que algunos llaman obras de arte, me dejó bastante indiferente, la verdad. Para terminar con Tokyo, nos acercamos a un festival de verano callejero lleno de grupos actuando. Algún occidental consiguió formar parte del desfile, así que al tiempo...
Templo de Asakusa
Tú pintas coloreas un ojo al Darume, pides un deseo, cuando aparezca el otro ojo, se habrá cumplido.
En Asakusa descubrí que quiero se ninja, atrás quedan mis días en la Embajada.



La idea inicial era marcharse a Kyoto en tren, pero visto que es carísimo y que el bus era tan largo que nos ahorrábamos una noche de alojamiento, en el Shinkansen que se montasen otros. Claro, que si llego a saber con antelación el calor que hacía en ese bus, pago por el tren bala lo que haga falta, El caso es que llegamos a Kyoto, preguntamos en la oficina de turismo, dejaron claro que no tienen ni idea de su ciudad, nos fuimos a la aventura...y claro, nos perdimos. Pero no demasiado porque, para variar, yo llevaba impresa media tonelada de unformación con rutas horarios y demás, así que pronto llegamos a una zona de templos. Si Tokyo es la parte moderna y futurista de Japón, Kyoto es la tradicional con templos, samurais, geishas y demás.

El primero en ver fue Kiyomizu-dera, en lo alto de una montaña, y que es muy bonito pero en la época de floración del cerezo debe ser ya impresionante. O sea que tocará volver. Aquí las entradas a cada templo cuestan así que hay que elegir cuál ver, o intentar el descuento por español. De tontos no tienen un pelo, se dan cuenta y te cazan, pero el karma les devuelve ese egoismo haciendo que te encuentres entradas en el suelo para el Kodai-ji. Por la zona son muy curiosas también las calles Ninenzaka y Sannenzaka, con la estética más tradicional de Japón. En el camino vimos, con mayor o menos prefundidad, otros lugares como Yasaka Pagoda o el museo Kodaiji Sho, donde pudimos ver por fin algún rastro de que en Japón había samurais. Para terminar con la jornada de templos echamos un vistazo al Kyoto Imperial Palace y ya fuimos a cenar por la zona de Gion, una de las más principales para Geishas y sus aprendices, Maiko.
Kiyomizu-dera
¡Un samurai!
Y ellas, tan monas con su Yukata y so Obi.
Empezamos en la calle Pontocho, una mu estrechita, con casas bajas y llena de restaurantes donde, con suerte puedes ver alguna Geisha. Y fue llegar y besar el santo porque nos cruzamos con dos nada más poner un pie allí. Despues de cenar, poco y caro, nos acercamos a la orilla del río donde se juntaba un grupo grande de gente tocando jazz, haciendo espectáculos con fuego y más entretenimientos, y nos decidimos a dar una vuelta por Gion. En el Yasaka Shrine pudimos ver que los templos de noche ganan muchos puntos, tanto por la luz como por la ausencia de guiris, y allí pudimos ver una especie de bautizo a un bebé. Esto fue lo último normal que pasó esa noche. A partir de ahí, todo parecía preparado para que en cada calle que pisásemos ocurriese algo, no sé si más sorpendente o extraño, como si la ciudad entera hubiese ensayado escenas para que no nos aburriésemos. Nos encontramos sin darnos cuenta en el barrio rojo donde vimos a una Geicha escoltada por cuatro tíos que no nos quitaban ojo mientras les seguíamos como paparazzis buscando la noticia. Está claro que el secretismo va unido a las Geishas y no les gustó tener público, pero qué le vamos a hacer, uno no va a Kyoto todos los días. Cuando desaparecieron terminamos en una calle donde empezó a pasar una ristra interminable de coches negros, y caros, con gente muy aparente y rodeada de chicas dentro, y metiéndose a toda velocidad por callejones oscuros. Muy turbio el asunto. Después de estas y otras, como una convención de motos que parecían salidas de la película Tron, decidimos volver al hostal.
Yasaka Shrine
No era un hostal cualquiera sino un hostal cápsula. En un principio pensé que agobiaría, pero nada más lejos de la realidad porque en la cápsula tienes espacio de sobra para estar sentado. Todo parecía sacado de una nave espacial, tan blanco y con formas y símbolos que te hacían sentir en una nave de Star Wars.
El dormitorio...
...y la cápsula
El último día decidimos ver algunos sitios más, como el Nijo Castle, Kinkaku-ji Temple o Kitano Tenmangu Temple antes de poner rumbo a Osaka, de donde saldría el avión de vuelta, o eso pensábamos. Para empezar el tren Kyoto-Osaka dura mucho más de lo esperado así que no perdimos el vuelo por el pelo de un calvo. En mi vida he corrido más para coger un vuelo...que al final terminaron retrasando. O, una vez más, eso creía yo, porque cuando vi a tres japonesitos con su mono y su casco dirigirse hacia el avión, ya me pareció sospechoso. Pero cuando veo que empiezan a sacar las maletas de la bodega, las azafatas salen del avión, el aeropuerto apaga las luces, se llevan el avión remolcado...ya, muy intuitivo yo, me di cuenta de que no iba a volver a Manila esa noche. Efectivamente, vuelo cancelado. Al final, hotelazo en Osaka con habitación enorme, vestidor, baño del tamaño de mi dormitorio en Manila, yukata para dormir y retrete con calefacción, además, por supuesto, del resto de chorritos de agua en todo tipo de modos y temperaturas típicos del país y programables cual vídeo VHS.
Kinkaku-ji Temple, donde millones de chinos me hicieron mandar a la mierda el templo y largarme.
Gracias a años y años de jugar a videojuegos, supe manejar el retrete. Al menos este estaba en inglés.

Una vez los japoneses arreglaron el avión, que debía de estar hecho una mierda y, si es por los filipinos me estampo antes de cruzar Taiwán, caminito a Manila, que tocaba tifón! ¡Viva!